Escribidle a los presos políticos bielorrusos!

Hace pocos días unos anarquistas bielorrusos recibieron una sentencia en prisión considerablemente larga que no corresponde a los cargos que contra ellos se habían levantado. Es evidente que la corte sentenció tan fuertemente a los acusados, que no se declararon culpables, para imponer el terror a todos aquellos que intentan cambiar algo en la sociedad. La serie de represiones en Bielorrusia en los últimos tiempos es una prueba de que los anarquistas se han convertido en una amenaza real para el estado, para Lukachenko y sus secuaces, ya temerosos de la situación. Tienen miedo de los jóvenes que con sus manifestaciones han demostrado que no todo el país calla y se somete por temor a perder  lo poco que  tiene.

Durante el próximo mes, estos anarquistas condenados seguirán siendo mantenidos en los lugares de retención en donde han estado los últimos meses. Por eso este es el mejor momento para escribirles y expresarles todo vuestro apoyo!

Nikolay Aleksándrovich Dedok, 4 años y medio de prisión. Ulitsa Vologarskovo N. 2 CIZO-1, Minks, Bielorrusia, C.P. 220050.

Aleksandr Frantskevich, 3 años de prisión. Ulitsa Volo Ulitsa Vologarskovo N. 2 CIZO-1, k. 46, Minks, Bielorrusia, C.P. 220050.

Ígor Vladímirovich Olinevich, 8 años de prisión.  a-ya 8, Glavpochtamp, Minsk, Bielorrusia, C.P. 220050,

A continuación publicamos las impresiones del publicista Alexandr Feduta, quien estuvo en la misma selda con Ígor Olinevich en el CIZO de la KGB.

***
La Corte y el caso

Yo estuve en la misma celda con Ígor Olinevich. Yo era el mayor de los cinco que estábamos allí (las celdas están diseñadas para cuatro personas). Tengo 46 años, y el siguiente por edad era Kirill, que tiene 29 años. En la mesilla teníamos “Cien años de soledad” y “Vida y Destino”. Antes de que yo llegara, en esa misma celda había estado Lebedko. Ígor es un anarquista convencido. Discutíamos frecuentemente con él, hasta quedarnos afónicos. “Usted, Alexandr, es simplemente un marxista!”, me decía Ígor molesto. “Marxista” para él es un insulto. Habiendo leído a Kropotkin y Bakunin, él está convencido de que el estado no debe ir desapareciendo con el tiempo, sino ser destruido, y de que el verdadero revolucionario no es aquel que intenta modernizar el estado, sino el que quiere destruirlo.  Y debe destruirlo ahora mismo, inmediatamente, sin esperar el día de mañana! Ígor es alto, de frente alta. Trabajó como ingeniero en “Integral”, donde tenía una brillante carrera como profesional y hombre inteligente de negocios, donde rige la jerarquía. Estoy seguro de que si quisiera, podría conseguir todo lo que quisiera en este sentido. Pero a Ígor le preocupan más otras cosas, y en lugar continuar con los juegos de rol sobre los que apasionadamente les contaba a sus compañeros de celda, prefirió empezar a estudiar profundamente el pensamiento anarquista clásico. Rusia lo traicionó. Estaba en Moscú, en un café esperando a un amigo, que no llegaba. Finalmente lo llamó. Vio cómo desde el otro lado de la calle un par de tipos prácticamente iguales, vestidos de forma que la ropa no les estorbara pegar y atrapar a agluien, se dirigían hacia el café. “Vienen por mí” pensó Ígor. Según me parece, Ígor no se equivocaba en el momento de valorar las relaciones entre el estado y el individuo. Los tipos no le mostraron ninguna orden, simplemente lo tomaron, lo subieron al coche y todo el trayecto desde Moscú hasta Minsk lo mantuvieron esposado. Ese día no figura en ningún documento. “Así es siempre” me decía. “Y no llamó a nadie en la plaza?”, “Y usted qué haría con ellos, Alexandr?”, ironizaba este chico rapado con un pequeño mechón de pelo arriba de la nuca. “Qué, cantarles una canción? Se debe llamar a la gente cuando estás listo para el asalto, y ustedes, qué decían, alto! Manifestación pacífica! Una bobada es todo eso, una bobada. Las manifestaciones no pueden ser pacíficas. Hay que estar preparado para el asalto del poder”. Pero bueno, precísamente por estar preparados para ese asalto es que juzgaron y condendaron a estos chicos anarquistas. A los nuestros les dieron unas condenas terribles, pero a estos, les dieron peores. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos no consideran a los anarquistas presos ideológicos, sino bándalos. En este caso están del lado de la corte bielorrusa. Pero el juicio no fue justo, de eso estoy más que seguro.

PD.: Strughkofrendy, me habéis convencido. No deberíamos hablar de presos de conciencia, sino de presos políticos.

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~ por rusafa en junio 17, 2011.

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